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lunes, 8 de septiembre de 2014

ES0679 - ESPAÑA // Los tres árboles de Rembrandt


Esther Gorlat

Los dos paisajes más célebres de Rembrandt, Los tres árboles y El puente de Six, ofrecen dos concepciones del tema radicalmente distintas. Difieren en el estilo, el grafismo, el ambiente y la utilización de las técnicas. Ambos prefiguran los paisajes grabados del siglo XIX, el primero por su carácter romántico y el otro por su visión impresionista. Los tres árboles es el paisaje grabado más grandioso de Rembrandt y, junto a Paisaje con torre, el segundo donde el cielo –aunque aquí mucho más agitado– se anima, anunciando un cambio atmosférico. La luminosidad de un claro se derrama sobre una colina coronada por tres árboles resplandecientes que se prolonga en una vasta llanura; en la lontananza se perfila una ciudad, tal vez Amsterdam. Unos planos sucesivos, mudables, de sombra y de luz reflejan las variaciones del cielo. La mayor parte del primer plano está en sombra mientras que el fondo es luminoso. El efecto de contraluz conseguido es arrebatador. La mordida a la flor de azufre sobre la ciudad a lo lejos y entre los dos árboles de la derecha acrecienta ese efecto. Enfrente de los tres árboles, las enérgicas estrías de un chaparrón dan profundidad al espacio y equilibran la composición. Tratado de manera pictórica, con una infinidad de matices pero también con violentos contrastes en determinados puntos, el conjunto presenta pese a todo una unidad perfecta. Si bien los elementos transmiten una sensación opresiva, los personajes prosiguen tranquilamente sus actividades. Un dibujante sentado en la cima de la colina da la espalda al paisaje y mira por encima del papel. El motivo del dibujante en la naturaleza tiene su origen en el siglo XVI, entre los manieristas holandeses, y Rembrandt lo convirtió en el tema principal de un aguafuerte. Una pareja de enamorados se cobija en un bosquecillo; cerca de los amantes, un macho cabrío apenas perceptible simboliza la sexualidad. La contraprueba permite distinguir estos detalles. Más lejos, un pescador y su mujer, un pastor, varios animales, una carreta y unos campesinos se integran en la naturaleza circundante y en la tonalidad del momento, confiriendo al paisaje una dimensión cósmica. Ésta es la primera vez que un cambio de apariencia de la naturaleza, ligado a una alteración atmosférica instantánea, se representa por medio del grabado en la primera mitad del siglo XVII holandés. Esta obra maestra traslada a la estampa los paisajes pintados de Rembrandt en la década de 1640, reproduciendo incluso los mismos efectos. Las numerosas copias realizadas a partir de este grabado, muy buscado por los aficionados, dan testimonio del interés que suscitó su novedad.

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