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viernes, 20 de junio de 2014

ES0664 - ESPAÑA // Plaza Arriba de Jumilla


Elena Pérez

La «Plaza arriba» es sin duda uno de los lugares y rincones de obligada visita para cualquier visitante o turista que se acerque a Jumilla. A pesar de las continuas transformaciones que ha sufrido a lo largo de la historia y el transcurrir del tiempo, conserva aún hoy, bastante de los elementos que configuraron su entorno desde el siglo XV. El rincón formado por la antigua posada, hoy sede de la Universidad Popular y el viejo edificio renacentista del Concejo (actual Museo Jerónimo Molina), con la torre de la Iglesia Mayor de Santiago al fondo, es idéntico al que contemplaban nuestros antepasados a finales del siglo XVI. Fue en 1558 cuando se construyó el «Palacio Municipal» sobre dos solares comprados a particulares, bajo la dirección de Julián Alamiquez que era uno de los arquitectos que trabajaba en la edificación de Santiago. El edificio del Concejo albergaba en su planta baja la Lonja y en la planta primera la Sala Capitular. Si bien es cierto que, cuando en 1560 se concluyeron los trabajos, tenía una torre en su lado derecho, desaparecida hace tiempo pero de la que guardamos testimonios escritos gracias a un grabado de 1800.  Fue a lo largo del siglo XVI, cuando para hacer frente a la expansión demográfica la ciudad creció desde los alrededores de Santa María hacia el sur y el Este de la falda del castillo, configurándose en ese desarrollo urbano la Plaza de San José que vendrá a denominarse de Arriba un siglo más tarde para distinguirla de la de Abajo (actualmente Plaza de la Constitución o Jardinico de las Ranas) cuando el crecimiento de la ciudad a finales del XVII obligó a trasladar el mercado a esta nueva plaza con mayores anchuras. Sabemos que a mediados del XVII la Plaza de Abajo ya había ganado el protagonismo social a nuestra Plaza de Arriba, pues en 1754, hay constancia de la construcción de los toriles para el desarrollo de las corridas en ella. La Plaza Arriba, a lo largo de su existencia, ha sido escenario y testigo mudo en todo tipo de acontecimientos sociales, económicos y festivos. Vio entrar y salir carros de viajeros a su posada, desarrollarse los mercados en su lonja y explanada, procesiones y actos religiosos o festivos que se desarrollaban en su recinto. Por ella merodearon regidores, alcaldes, alguaciles y síndicos que entraban y salían en el edificio del Concejo, ciudadanos de a pie que acudían a realizar gestiones o aquellos que deambulaban por ella y sus inmediaciones. Por ser testigo hasta lo fue de uno de los hechos luctuosos de nuestra Guerra Civil, por lo que durante la etapa de gobierno franquista se le denomino “Plaza de los Mártires”, sin mucho éxito pues los jumillanos siguieron refiriendose a ella como de Arriba, tal y como venía haciéndolo desde dos siglos atrás. Solo el desarrollo demográfico junto a la expansión hacia el Este de la ciudad, terminó robando el protagonismo a esta plaza, que fue durante más de doscientos años, centro neurálgico de la ciudad, y donde se ubicaba el edificio más emblemático, de esta su Ayuntamiento y sede del poder local. Caminar hoy por la Plaza de Arriba, es retrotraerse en el tiempo a lo que fue la Jumilla del siglo XVI en el que este lugar venía a constituir el nudo gordiano de su vida urbana. Por suerte para los Jumillanos, y a pesar de las lógicas remodelaciones que el paso del tiempo deja en los recintos urbanos, hoy la Plaza Arriba todavía presenta en sus volúmenes y formas un aspecto bastante similar al que tuvo en su época de esplendor.

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