Aurelia Brignoli
El lago del Salagou, una vasta extensión de agua entre áridos promontorios de roca rojiza, despliega una extraordinaria paleta de colores, fruto de diversos fenómenos geológicos: el adobe rojo de los “ruffes”, sedimentos arcillosos cargados de óxido de hierro, coexiste con el negro del basalto, de origen volcánico, y combina perfectamente con el azul del cielo y las olas. Este lago artificial se construyó a finales de la década de 1960 para propiciar el riego de los cultivos circundantes. También sirve para regular las crecidas de los ríos Lergue y Hérault.

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