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miércoles, 8 de agosto de 2012

LU0001 - LUXEMBURGO // Esch-sur-Alzette


Angelines Figueira

Esch-sur-Alzette (en luxemburgués Esch-Uelzecht) es una localidad de Luxemburgo. Tiene una población de 30.000 habitantes, por lo que es la segunda ciudad después de la ciudad de Luxemburgo. Se encuentra en el valle del Alzette, y la capital se encuentra a 15 km. Fue el 12 de abril de 1128, en una bula del papa Honorio II, que se escuchó por primera vez el nombre de Asch, el pueblo que más tarde se convertiría en la ciudad de Esch-sur-Alzette. El 16 de mayo de 1328, Jean l'Aveugle, futuro Juan I de Luxemburgo, le conferió el status de "ciudad libre". Le siguieron numerosas invasiones e incluso fue incendiada. En 1677, las fortificaciones de la ciudad fueron destruidas por orden de Luis XIV y en tiempos de la Revolución francesa la ciudad se convirtió en un simple pueblo. Esch volvió de las cenizas para convertirse, por decreto del Gran duque el 12 de octubre de 1841, en la capital del canton de Esch. El siglo XIX fue un período fausto para el crecimiento industrial de la "Metrópoli del hierro". Fue en efecto en la mitad de este siglo que comenzó la explotación minera en Esch, tímidamente, con explosiones a cielo abierto. Esta explotación minera finalizaría convirtiéndose en la cuna de la ciudad que conocemos hoy. El 29 de mayo de 1906, el gran duque Guillermo le confirió por segunda vez el título de ciudad a la villa de Esch-sur-Alzette. Durante la Primera Guerra Mundial, la ciudad se convirtió en el cuartel general del príncipe heredero de Alemania, el Kronprinz Guillermo de Prusia y se transformó en un gigantesco hospital militar. Por estos años, la producción en las fábricas se interrumpió. El 11 de mayo de 1940, ante al avance de las tropas alemanas, los habitantes de la ciudad huyeron en dirección a Francia. Allí fueron acogidos hasta el 10 de septiembre de 1944, con la partida del ejército de ocupación. Si las 2 décadas que le siguieron a la Segunda Guerra Mundial fueron testigos del revuelo de la ciudad, los años 1970 corresponden a la decadencia progresiva, pero ineluctable, de la siderurgia. Una vez más, la ciudad debió luchar por su supervivencia. Es al empeño y a la voluntad de los diferentes gobernantes políticos que se sucedieron hasta este día a quienes se debe la renovación de Esch-sur-Alzette. Un desafío permanente, sin cesar en la agenda de los colegios gubernamentales, y que verá su apogeo con la futura organización de los baldíos industriales.

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