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viernes, 31 de agosto de 2012

IT0055 - ITALIA // El río Tiber a su paso por Roma


Laeticia Abihssira

Desde su nacimiento, el Tíber fue el alma de Roma, y el hecho de que la ciudad le deba su propia existencia está descrito ya desde la primera escena de la leyenda de la fundación, con Rómulo y Remo en la canasta que, atascada debajo de una higuera, sorben el fluido azucarado que brota de los frutos, a la espera de una verdadera comida.  Todos los asentamientos pre-romanos cuya convergencia dio origen a la Roma histórica "veían" el Tiber, pero desde lo alto, no desde sus márgenes (recuérdeseAntemnae, por ejemplo), por obvias razones de defensa y porque el Tiber siempre ha sido un río sujeto a desbordes imprevistos. El punto en el cual la llanura aluvional era más seguramente practicable era en correspondencia de la Isla Tiberina, al lado de la cual (en el área que se transformaría en el Foro Romano, a partir de un más modesto Foro Boarico) se localizó originalmente el punto de encuentro y de intercambio entre las poblaciones etruscas que dominaban la márgen derecha (llamada más tarde Ripa Veientana y las poblaciones del Latium vetus sobre la margen izquierda (la Ripa Graeca). La isla era, además, el límite hasta donde podían llegar las antiguas naves de poco calado que venían desde la desembocadura en el mar Tirreno. A corta distancia, aguas abajo, se construyó (en madera, y como tal permaneció por diversos siglos) el primer puente de Roma, el Puente Sublicio. Para las antiguas poblaciones era de tal importancia este puente y su mantenimiento, que en relación a este nació el más antiguo y potente sacerdocio romano: el "Pontífice máximo". El río mismo era considerado una divinidad, personificada en el Pater Tiberinus era celebrado todos los años el 8 de diciembre, coincidentemente con el aniversario de la fundación del templo dedicado a su honor en la isla Tiberina, era un rito de purificación y propiciatorio. Los muros marginales de contención de las ramblas del "Lungotevere", (pero no ocurre diversamente en París o Florencia) rinden difícil imaginarnos hasta que punto la ciudad antigua era una ciudad fluvial, con su destino marcado por la evolución del río, y esto se ha mantenido hasta los años 1900. Pero esta conexión con el río, que por cierto era un recurso económico notable, era también - desde siempre - de alto riesgo. Ya Livio documentaba que las avenidas del Tiber, frecuentemente desastrosas, eran consideradas por el pueblo romano como predicciones de eventos importantes o castigos, y por cierto comportaban además de la destrucción, epidemiascausadas por el empozamiento de las aguas. Todavía en el siglo XIX el hecho de que la llegada de los Piamonteses a Roma haya sido saludado por una desastrosa inundación, el 28 de diciembre del 1870, confirmó al pueblo romano en su creencia ancestral nunca olvidada. Las grandes inundaciones (mediamente se producían 3 ó 4 por siglo) siempre llegaron a Roma por la Vía Flaminia: aguas abajo de la confluencia con el río Aniene, libre hasta allí de expandirse sobre territorios llanos, que constituyen el lecho mayor del río. A partir de este punto comenzaba a encontrar construcciones y puentes que lo obstaculizaban (repetidamente el Puente Sublicio fue arrastrado por el aluvión) y se encontraban sus restos por plazas y vías. Cesar imaginó enderezar los meandros del río desviándolo alrededor del Janículo (es decir haciéndolo evitar Trastevere y la llanura de los Foros) y canalizándolo a través de las paludes Pontinas en dirección al Circeo. Augusto, de temperamento más realista y "administrativo", después de haber nombrado una comisión de 700 expertos se limitó a mandar limpiar el álveo del río y a institucionalizar una magistratura específica, "Curatores alvei et riparum Tiberis", cargo que desempeñó Agrippa de por vida. Los expertos de Tiberio sugirieron desviar las aguas del Chiani hacia el río Arno, pero a causa de la oposición de los florentinos el proyecto fue abandonado (el proyecto fue retomado - e igualmente vuelto a abandonar en 1870). A Trajano se debe haber concluido el canal de Fiumicino (la llamada Fosa Trajana) iniciada por Claudio, que es utilizada para la navegación, pero que a la vez mejora el flujo del agua hacia el mar. El último emperador que dispuso una limpieza radical del (alveo)cauce y la construcción de defensas ribereñas fue Aureliano.

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