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jueves, 5 de abril de 2012

TN0005 - TÚNEZ // El sur tunecino



En las orillas del Chott, el enorme lago salado, aparecen Tozeur y Nefta. La primera, capital de El Jerid, el país de las palmeras, es una pequeña ciudad moderna, pero donde no faltan las mujeres vestidas de negro y tuaregs. Tozeur es la ciudad más importante de esta zona. Recogida alrededor de la plaza del mercado resulta una ciudad singular por su arquitectura, con casas y callejuelas abovedadas y fachadas decoradas con una original disposición de los ladrillos formando dibujos geométricos. Nefta, en cambio, es una bella ciudad sagrada, donde las cúpulas de los morabitos despuntan entre las palmeras del oasis. Visto desde lejos, Nefta parece una alfombra verde en medio del desierto, donde miles de manantiales forman los riachuelos que la recorren. Los atardeceres de Nefta, transportan en el tiempo a quien los admira y convierten la ciudad y sus palmeras en un entorno mágico, antiguo, mientras el muecín llama a la oración en medio de la quietud y la parsimonia del tiempo tunecino. Douz, en la otra orilla de lago, es la ciudad del desierto que todos hemos imaginado alguna vez, con su aspecto tosco, su mercado de animales y enseres domésticos sus hombres cubiertos de arriba a abajo, su artesanía de piel de dromedario, sus joyas bereberes y dedicado a la cría de galgos del desierto. A partir de aquí las dunas y los espejismos harán parte del viaje, mientras tanto irán apareciendo los Ksour, los hermosos castillos del desierto que cuentan las historias de estos milenarios oasis. Los kilómetros se suceden lenta pero placenteramente entre las dunas y los ergs, sabiendo que vamos seguros, porque el Sahara tunecino es uno de los grandes espacios más seguros del planeta para experimentar esa sensación de libertad que sólo se puede sentir en el desierto.

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