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martes, 22 de noviembre de 2011

BE0011 - BÉLGICA // Un paseo por Brujas



De Brujas se ha dicho que es la Venecia del Norte, y aunque es cierto que el agua es un elemento esencial en el paisaje de la ciudad, la capital flamenca tiene, no obstante, una personalidad propia y no admite ningún tipo de comparaciones. Su intrincada red de canales y su aire medieval y señorial evocan su pasado mercantil: en el siglo XIII la clase burguesa creó un imperio textil basado en la importación y exportación de tejidos y tapices a través del estuario del Zwyn y del mar del Norte. Restringido el acceso en coche, Brujas se debe recorrer a pie, en bicicleta o en barca. Las plazas Burg y Markt, las dos más importantes, marcan el inicio de un recorrido por el centro histórico de la ciudad. En la del Burg se erige la Basílica de la Sagrada Sangre, que según la tradición conserva unas gotas de la sangre de Cristo. El edificio más característico de la plaza Markt, en la que se concentra el bullicio urbano, es la torre Beffroi o Belfort, del siglo XIII, con 83 metros de altura y 47 campanas. Después de subir los 366 escalones que conducen a su cúspide se puede gozar de una panorámica a vista de pájaro sobre los tejados y calles. El mecenazgo que impulsaron los burgueses, en épocas de prosperidad, hizo de Brujas una de las mayores pinacotecas de Europa, con museos repletos de obras maestras de la escuela flamenca, como el Groeninge y el Memling. Otra de las joyas artísticas que atesora la ciudad es La Virgen con el Niño (1504-1505), obra de Miguel Ángel, que fue donada por un comerciante agradecido. Y para reponer fuerzas, nada mejor que degustar algunas de las especialidades de la cocina flamenca, como los mejillones al vapor con patatas fritas o los tomates rellenos de camarones, todo acompañado de cerveza blanca local.

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